Butch & Sundance

Al final de la película Butch Cassidy and the Sundance Kid , Paul Newman y Robert Redford recargan sus pistolas e intercambian sus últimas bromas, y luego se lanzan valientemente a una plaza rodeada por soldados bolivianos. La película, un éxito taquillero en 1969 y todavía una presentación en programas nocturnos de televisión, termina con los criminales heridos encarando casi una muerte segura. La escena se detiene antes que caigan los antihéroes, dejándoles con la más pequeña posibilidad de sobrevivir.

La película está basada en una historia verídica. El criminal conocido como Butch Cassidy, nacido bajo el nombre de Robert Leroy Parker el 13 de Abril de 1866, fue el mayor de 13 hijos de una familia mormona en Utah. Su admiración por un joven vaquero llamado Mike Cassidy y una corta temporada trabajando como carnicero le inspiraron su nombre de crimen. Al salvarse de haber caído preso en una cárcel de Wyoming por el robo de un caballo de cinco dólares lo impulsaron a una vida como fugitivo.

El Sundance Kid, nacido bajo el nombre de Harry Alonzo Longabaugh en la primavera de 1867, fue el más joven de cinco hijos, de una familia bautista de Pennsylvania. Después de ir al oeste a la edad de 15, vivió en un rancho con parientes en Colorado, luego anduvo por las montañas Rocosas de los Estados Unidos y Canadá, trabajando como ganadero y arriero de potros. El adquirió su apodo al estar 18 meses en una cárcel de Sundance, Wyoming, por robar un caballo.

La compa&˜era de Sundance en la película fue Etta Place. Su compañera en la vida real fue un enigma. A pesar de que ella fue descrita como una prostituta, una maestra, o ambos, nadie sabe su verdadero origen o destino. Incluso su nombre es un misterio. La Agencia de Detectives Pinkerton la llamaban Etta en sus anuncios de BUSCADOS, pero ella se llamaba así misma Ethel, que pudo haber sido o no su verdadero nombre. Viajando como la esposa de Sundance, ella usó el alias de Place (que era el nombre de soltera de la madre de Sundance).

Butch y Sundance pertenecían a una pandilla improvisada que incluía a Elzy Lay, Matt Warner, Harvey "Kid Curry" Logan, Ben "Tall Texan" Kilpatrick y Will Carver. Apodados como el Sindicato de Asaltantes de Trenes, la Pandilla del Hoyo en la Pared, y El Grupo Salvaje, la banda asaltó trenes, bancos y remesas de los salarios de las minas en las Montañas Rocosas Occidentales y se dieron a la fuga con un total de $200.000 (su equivalente hoy en día de 2.5 millones de dólares) entre 1889 y principios de 1900.

Con $1.000 de recompensa por sus cabezas y los Pinkertons siguiendo sus pasos, Butch y Sundance escaparon a Sud América con Ethel en 1901. La película les lleva directamente de la Ciudad de Nueva York hasta Bolivia, pero su destino inicial era en realidad Argentina. Después de entrar a Argentina en el barco inglés Herminius en marzo y tomando el tren a Patagonia en junio, se establecieron en el Territorio Chubut, una zona fronteriza en el sur de Argentina poblada en grandes trechos por inmigrantes, pioneros e indios. A pesar de que la mayoría de los inmigrantes eran galeses o chilenos, algunos norte americanos habían viajado al mismo rincón del mundo, buscando llanuras abiertas. Por ejemplo, el vecino más cercano de estos bandidos era John Commodore Perry, quien había sido el primer alguacil de Condado Crockett en Texas. Butch y Sundance también se relacionaron con otro tejano, Jarred Jones, que vivía a unos cuantos días de viaje hacia el norte, cerca de Bariloche.

Llamándose James "Santiago" Ryan y el Sr. y la Sra. Harry "Enrique" Place, el Grupo Salvaje pacíficamente se posesionó de un rancho en el Valle Cholila, criando ovejas, vacas, y caballos. Los tres se llevaban bien con sus vecinos, y si alguno de sus vecinos se enteraba del pasado oscuro de Butch y Sundance, esto no interfería con su amistad. Así que ellos fueron recomendados que cuando el gobernador del territorio Julio Lezana visitara el valle en 1904, pasara la noche en su casa, una cabaña de cuatro cuartos bien conservada en la ribera oriental del Río Blanco. Durante las festividades de bienvenida, Sundance tocó sambas en su guitarra, y Lezana bailó con Ethel.

Mientras tanto, en marzo de 1903, los Pinkertons habían enviado al agente Frank Dimaio a Buenos Aires después de recibir un aviso que Butch y Sundance estaban viviendo en Argentina. Dimaio rastreó su paradero, luego se comunicó con sus superiores, diciendo que la temporada de lluvias le impidió hacer el viaje a Cholila. Antes de dejar Argentina, Dimaio proporcionó a la policía versiones traducidas de los afiches de BUSCADOS de los bandidos.

El 14 de febrero de 1905, dos bandidos de habla inglesa asaltaron el Banco de Tarapacá y Argentino en Río Gallegos, 1.100 kilómetros al sur de Cholila, cerca del Estrecho de Magallanes. Escapándose con una suma de dinero que hoy en día valdría por lo menos $100.000, la pareja desapareció hacia el norte a través de las frías llanuras de la Patagonia. A pesar de que Butch y Sundance nunca fueron identificados como los autores (que sus descripciones no les correspondía tan bien como su modo de operar), ellos fueron los principales sospechosos.

Respondiendo a una orden del jefe de policías de Buenos Aires, el gobernador Lezana lanzó una orden para el arresto de Butch y Sundance. Antes de que la orden pudiera ser ejecutada, el alguacil Edward Humphreys, un gales-argentino que era amigo de Butch y estaba enamorado de Ethel, les avisó de la orden. A principios de mayo, el trío huyó hacia el norte a Bariloche y se embarcaron en el buque de vapor Cóndor a través del Lago Nahuel Huapi hasta Chile.

No se sabe casi nada de lo que los bandidos hicieron en Chile, pero aparentemente pasaron un tiempo en Antofagasta, un centro de intercambio de nitrato en el desierto de la costa norte. Los Pinkertons se enteraron por un soplón de la oficina de correos que Frank D. Aller, el vice-cónsul en Antofagasta, había sacado a Sundance (alias Frank Boyd) de un problema con el gobierno chileno en 1905.

Ese mismo año, los criminales regresaron a Argentina para negocios: el 19 de diciembre, Butch, Sundance, Ethel, y un aliado desconocido robaron $150.000 (su equivalente hoy) del Banco de la Nación en Villa Mercedes de San Luis, un centro ganadero 400 millas al oeste de Buenos Aires. Con muchos pelotones de soldados persiguiéndolos, ellos se escaparon hacia el oeste sobre pampas húmedas por la lluvia y los Andes hasta Chile.

En abril 1906, cuantos meses después del asalto en Villa Mercedes, Sundance brevemente visitó Cholila para vender algunas ovejas y yeguas que Butch y el habían dejado con su amigo Daniel Gibbon, un ganadero galés. Para entonces, Ethel estaba en San Francisco, habiendo regresado a Estados Unidos para siempre, y Butch estaba en Antofagasta en ruta hacia Bolivia.

En ese año, Butch (usando el alias James "Santiago" Maxwell) encontró trabajo en una mina de estaño llamada Concordia, más de 5.000 metros en la llanura de Santa Vela Cruz de los Andes centrales bolivianos. Algún tiempo después de vender ganado en Cholila, Sundance (usando el alias H.A. "Enrique" Brown) consiguió trabajo con el contratista Roy Letson, que llevaba mulas del norte de Argentina a un campamento de construcción de ferrocarril cerca de La Paz. Sundance trabajó un tiempo domando mulas en el campamento, y luego se reunió con Butch en Concordia, donde su trabajo incluía resguardar las remesas.

El asistente del administrador, Percy Seibert, sabía que sus empleados eran criminales, pero nunca tuvo el menor problema en entenderse con ellos. Encontró que Sundance era un poco taciturno, pero se encariñó bastante con Butch. Después que Seibert se convirtió en el encargado en Concordia, ellos fueron sus invitados regulares en la cena de domingo. Para evitar sorpresas desagradables, Butch siempre se sentaba con vista al valle y al camino a la casa de Seibert.

Habiendo sido forzado a abandonar su tranquila vida en Argentina, Butch aún quería establecerse como un ganadero respetable. En 1907, él y Sundance se fueron a Santa Cruz, un pueblo fronterizo en la sábana neotropical oriental, y Butch escribió a sus amigos en Concordia que "había encontrado el lugar que había buscado por 20 años". Ahora a sus 41 años, estaba lleno de remordimiento. "O Dios," se lamentaba, "si pudiera regresar 20 años atrás . . . estaría feliz". Se maravilló de todo lo que ofrecía la buena tierra con suficiente agua y pasto, e hizo una predicción: "Si no me muero, estaré viviendo aquí muy pronto".

En 1908, después que Sundance embriagado alardeó públicamente sobre sus hazañas criminales y los bandidos se vieron obligados a dejar sus empleos. A pesar de que no hay evidencia que no fueron más que empleados modelos durante su tiempo en Concordia, Seibert les dio crédito por muchos atracos en Bolivia. El dijo, por ejemplo, que ellos habían robado la remesa de salarios de una construcción del ferrocarril en Eucaliptus, al sur de La Paz. En realidad el lugar fue asaltado dos veces en 1908. Según cálculos de periódicos, los responsables del primer atraco, que ocurrió en abril, fueron "tres yanquis que habían sido empleados bajo contrato" . Los periódicos no dieron detalles sobre el segundo asalto, que tuvo lugar en agosto, después que Butch y Sundance se fueron de Concordia.

Más tarde ese mes, aparecieron en Tupiza, un centro minero en el sur de Bolivia. Intentaron robar un banco local, tal vez para financiar su jubilación en Santa Cruz, los criminales necesitaban un lugar para guarecerse mientras hacían nuevos planes. Encontraron un escondite perfecto en el campamento del ingeniero inglés A.G. Francis, que estaba supervisando la transportación de una draga de oro en el Río San Juan del Oro. Presentándose como George Low y Frank Smith, Butch y Sundance aparecieron en el campamento de Francis en Verdugo, 24 kilómetros al sur de Tupiza, y le preguntaron si sus mulas podían descansar por un tiempo. Su carisma se apoderó de Francis y terminaron pasando unas semanas con él.

Mientras Sundance se quedaba con Francis, Butch hacia frecuentes visitas a Tupiza, resguardando el banco y formulando sus planes. Desafortunadamente, estaba de visita un destacamento de soldados del Regimiento Abaroa, renombrada unidad del ejército boliviano, y ellos estaban situados en un hotel en la misma plaza que el banco -- demasiado cerca para la conveniencia de Butch. Frustrado y cansado de esperar que los soldados se marchen del pueblo, su pensamiento se concentró en Aramayo, Francke y Compañía quiénes tenían minas en el área. A pesar que los cuarteles operacionales estaban en Quechisla, un viaje de tres días hacia el noroeste, la familia Aramayo vivía en Tupiza, y el dinero de las remesas entraban por la oficina de Tupiza. A través de conversaciones sostenidas con un empleado desconocido de Aramayo, Butch se enteró que el encargado Carlos Peró pronto estaría llevando a Quechisla una remesa de 80.000 pesos bolivianos (medio millón de dólares hoy en día).

Para ese entonces, Sundance y Francis se habían trasladado a Tomahuaico, unos cuantos kilómetros al sur de Verdugo, en las riberas occidentales del Río San Juan del Oro. Butch cabalgó en una noche, encontró a Sundance, y le comunicó su nuevo blanco. Seis días después, los bandidos se fueron a Tupiza y vaciaron la oficina detrás de Chajrahuasi, la mansión de la familia Aramayo.

Temprano en la mañana del 3 de noviembre, Carlos Peró recogió un paquete de dinero envuelto en una tela tejida a mano. Se encaminó de Chajrahuasi con su joven hijo Mariano, un peón, y unas cuantas mulas, seguidos discretamente por Butch y Sundance. Peró y sus acompañantes pasaron la noche en una hacienda de los Aramayo en Salo, y reanudaron su viaje al amanecer. Los criminales ahora se encontraban adelante, observando a través de binoculares mientras el grupo subía la Huaca Huañusca (un nombre Quechua que quiere decir colina de la Vaca Muerta). El peón y el niño estaban en mulas con Peró a pie por detrás.

A las 9:30 a.m., el grupo de Peró pasó alrededor de una colina llena de cactos, y encontraron que el camino estaba bloqueado por Butch y Sundance. Los bandoleros estaban armados con nuevas y pequeñas carabinas calibre Mauser con gruesos cañones. Estaban vestidos con trajes de corderoy color rojo-oscuro, con pañuelos tapando sus caras y con sus sombreros volteados hacia abajo, lo cuál hacia que apenas sus ojos fueran visibles. Tenían revólveres Colt en sus fundas y pistolas de bolsillo Browning escondidas en sus cinturones, que estaban llenos de municiones para rifles.

Sundance mantuvo su distancia sin decir una palabra. Butch amenazantemente pidió a Mariano Peró y al peón a desmontarse, y le pidió a Carlos Peró que le entregara el dinero. Incapaces de resistirse, Peró respondió que se podían llevar lo que quisieran. Butch empezó a revisar las alforjas pero no pudo encontrar el dinero, así que le dijo a Peró que abriera el equipaje. Hablando en inglés, Butch les explicó que no estaba interesado en el dinero ni en artículos personales de Peró ó sus acompañantes sino en los 80.000 pesos bolivianos que ellos llevaban para la compañía Aramayo. Peró le dijo que solo llevaban 15.000 pesos (valor de 90.000 dólares hoy en día) y que la otra suma de remesa estaba destinada para la próxima semana. Butch quedó en silencio, aturdido. Finalmente, se llevó el pequeño paquete de dinero y una fina mula de color café oscuro que le pertenecía a la compañía.

Luego que los bandidos partieron, el grupo de Peró siguió norte hacia el pueblo de Guadalupe. A medio día, se encontraron a un arriero llamado Andrés Gutiérrez. Peró escribió una nota con un lápiz y se la dio a Gutiérrez para que la entregara en la hacienda de los Aramayo en Salo. Otro mensajero llevó el mensaje de Salo a Chajrahuasi, y la alarma se dio vía telégrafo a las autoridades en las comunidades vecinas al igual que a las autoridades argentinas y chilenas en todos los pueblos fronterizos cercanos. Patrulleros militares y mineros armados (quienes habían sido despojados de su salario) estaban vigilando barrancos, carreteras, cuidando las estaciones de trenes y buscando extraños en pueblos a traves del sur de Bolivia.

Peró pasó la noche en un campamento minero en Cotani, a un día de viaje de Quechisla. En una carta relatando los sucesos de la mañana a sus superiores, el supuso que los bandidos habían "preparado su retirada segura porque solo así conoció que no hubieran quitado todos nuestros animales ó que no nos hayan muerto para evitar delaciones o ganar tiempo".

Mientras tanto, Butch y Sundance se fueron hacia el sur a través de tosco terreno inhabitado. Pasaron por Tupiza cubiertos por la oscuridad y llegaron a Tomahuaico después de media noche. Butch estaba enfermo y se fue pronto a la cama, pero Sundance se quedó despierto hasta tarde, contándole a Francis sobre el atraco.

El bandido también le habló de haber " hecho varios intentos de establecerse en una vida siguiendo la ley, pero que estos intentos siempre habían sido frustrados por emisarios de la policía y agencias de detectives que lo rastreaban, y lo forzaban a regresar a la fuga". Sin embargo, el aseguraba, "el nunca había matado o lastimado a alguien de no ser en defensa propia, y que nunca había robado a los pobres, solo de ricas corporaciones que podían apoyar sus requisitos".

A pesar de que Francis no estaba de acuerdo con las fechorías de sus visitantes, los encontraba "muy agradables y entretenida compañía" y no pretendía traicionarlos con las autoridades.

A la mañana siguiente, un amigo corrió a Tomahuaico para advertir a los bandidos que una patrulla militar de Tupiza venía en esta dirección. Butch y Sundance empacaron sus pertenencias y ensillaron sus mulas. Para el horror de Francis, ellos insistieron que los acompañara. Esperando que ellos se fueran hacia el sur a Argentina, se sorprendió cuando dijeron que irían hacia "Uyuni y al norte". (Su destino pudo haber sido Oruro, una ciudad con miles de residentes extranjeros, entre quienes los bandidos hubieran pasado desapercibidos. Oruro también fue la última dirección postal de Sundance.)

Temiendo quedar atrapado entre las balas si los soldados los encontraban, Francis nerviosamente llevó a los bandidos al sur y oeste a lo largo del San Juan Del Oro y luego al norte a través de un estrecho barranco al pueblo de Estarca. Francis logró que pudieran pasar la noche en casa de Narcisa de Burgos. Temprano la siguiente mañana, Butch y Sundance agradecieron a Francis por su ayuda y lo dejaron ir con instrucciones de decir a cualquier soldado que se le aparezca que había visto a los bandidos rumbo hacia la frontera argentina.

Se detuvieron para pedir orientación en Cucho, 15 kilómetros al norte de Estarca, luego siguieron el largo, abrupto camino a San Vicente, un pueblo minero en un árida ollada color castaño oscuro más de 4.500 metros en la Cordillera Occidental. Al atardecer el 6 de noviembre de 1908, ellos cabalgaron a un pueblo en una mula negra y otra café oscuro de propiedad de Aramayo, y pararon en la casa de Bonifacio Casasola. Cleto Bellot, el corregidor se acercó y les preguntó que querían. "Un alojamiento", respondieron. Bellot les dijo que no había nada pero que Casasola les podía dar un cuarto y venderles forraje para sus mulas.

Luego de atender a sus animales, Butch y Sundance se juntaron con Bellot en su cuarto. Le preguntaron a Bellot sobre la carretera a Santa Catalina, un pueblo argentina al sur de la frontera, y la carretera a Uyuni, a unos 120 kilómetros al norte de San Vicente. Le preguntaron donde podían conseguir unas sardinas y cerveza, y Bellot mandó a Casasola a comprar con el dinero de Sundance.

Cuando Bellot se retiró, fue directo a la casa de Manuel Barran, donde se estaba hospedando un pelotón de cuatro hombres. El pelotón comprendido por el Capitán Justo P. Concha y dos soldados del Regimiento Abaroa y el inspector Timoteo Ríos del Departamento de Policías de Uyuni, habían galopado esa tarde y le habían dicho a Bellot que esté atento por dos yanquis con una mula de Aramayo. El Capitán Concha estaba dormido cuando Bellot reportó la llegada de los sospechosos, así que el inspector Ríos y los dos soldados cargaron sus rifles pronto.

Acompañado por Bellot, ellos fueron a la casa de Casasola y entraron al patio. Mientras se asomaban al cuarto de los bandidos en la oscuridad, Butch apareció en la puerta y disparó su Colt, hiriendo al soldado líder, Victor Torres, en el cuello. Torres respondió con un disparo de su rifle y huyó a una casa cercana, donde murió al poco rato. El otro soldado y Ríos también le dispararon a Butch, luego salieron con Bellot.

Después de un viaje corto a la casa de Barran para más municiones, el soldado y Ríos se acomodaron en la entrada del patio y empezaron a disparar a los bandidos. El Capitán Concha luego apareció y le pidió a Bellot que consiguiera unos cuantos hombres que vigilen el techo y la parte trasera de la casa de adobe, para que los bandidos no pudieran hacer un hoyo y escapar. Mientras Bellot cumplía, él escuchó "tres gritos de desesperación" del cuarto de los bandidos. Hasta que los San Vicenteños se acomodaran, los disparos se habían calmado y todo estaba tranquilo.

Los guardias se mantuvieron en sus lugares durante la noche fría y ventosa. Finalmente, al amanecer, el Capitán Concha le ordenó a Bonifacio Casasola a entrar al cuarto. Cuando reportó que los dos yanquis estaban muertos, el capitán y el soldado sobreviviente entraron. Encontraron a Butch tirado en el suelo, una herida en la sien y otra en su brazo, y Sundance sentado en un banco detrás de la puerta, abrazado de un gran jarrón cerámico, disparado una vez en la frente y muchas veces en el brazo. En lugar de lanzarse hacia una lluvia de balas, como su personaje en la película lo haría seis décadas después, el verdadero Butch Cassidy aparentemente le disparó a su compañero herido y sufrido, y luego volteó la pistola contra si mismo para escapar captura.

Los criminales fueron enterrados en el cementerio local esa tarde. La remesa de Aramayo fue encontrada intacta en sus alforjas. Una vez que sus posesiones fueron contadas y guardadas en un baúl de cuero, el Capitán Concha se escapó a Uyuni con el baúl, dejando que la Compañía Aramayo pelee por meses en la corte para recuperar su dinero y su mula.

Dos semanas después de la balacera, los cuerpos de los bandidos fueron desenterrados y Peró los identificó como la pareja que le habían asaltado. Oficiales de Tupiza condujeron una investigación del robo y de la balacera entrevistando a Peró, Bellot, y muchos otros residentes del área, pero fueron incapaces de acertar en los verdaderos nombres de los muertos.

En julio de 1909, Frank D. Aller, el benefactor de Sundance en Antofagasta, escribió a la Misión Diplomática Americana en La Paz para "confirmación y certificado de muerte" por dos americanos -- uno conocido como Frank Boyd ó H.A. Brown y el otro como Maxwell -- quienes "fueron reportados asesinados en San Vicente cerca de Tupiza por lugareños y policía, y enterrados como 'desconocidos'". Aller dijo que necesitaba un certificado de muerte para finiquitar las tierras de Boyd en Chile. La Misión Diplomática Americana adelantó el pedido al Ministerio Extranjero Boliviano, diciendo que los americanos habían "asaltado muchos de los trenes de remesas de la Compañía Boliviana de Ferrocarriles, también los vagones de diligencia de muchas minas, y entendí que fueron asesinados en una lucha por soldados que estaban dispuestos a atraparlos como criminales".

En 1910, después de una considerable demora, el gobierno boliviano finalmente respondió con un sumario de las averiguaciones en Tupiza y "el certificado de defunción de dichos ciudadanos cuyos nombres se ignoran".

En mayo de 1913, un carpintero de Missouri llamado Francis M. Lowe fue arrestado en La Paz por sospecha de ser George Parker (que los Pinkertons creían era el verdadero nombre de Butch). Con la ayuda de la Misión Diplomática Americana, Lowe estableció que su caso era una equivocación de identidad. Al llenar un reporte en la materia, un oficial en la Misión recomendó al Secretario de Estado William Jennings Bryan que "ciertos ingleses y otros aquí aciertan que un hombre conocido como George Parker (quien era buscado por la policía de La Paz) había sido asesinado hace unos dos o tres años en una provincia mientras se resistía" al arresto.

Cuando William A. Pinkerton se enteró de la balacera de San Vicente, había hecho pasar esta historia como "algo falso". La agencia nunca canceló la búsqueda por Butch y Sundance oficialmente. En realidad, en 1921, el Sr. Pinkerton le dijo a un agente que "lo último que se supo del Sundance Kid era que estaba en una cárcel de Perú por intentar asaltar un banco. Butch Cassidy estuvo con él, pero pudo escapar y se supone que haya retornado a Argentina". Sin necesidad de mencionar, los Pinkerton nunca alcanzaron a la pareja.